lunes, 13 de septiembre de 2010

No esperes el Dolor...

"Vas a sentir que aprieto, que tironeo....que vuelvo a apretar. Pero no esperes el dolor".

Bastó que el odontólogo dijera eso, para que yo con mi boca abierta y el torno revolviendo dentro de mi muela, tuviera muchas ganas de preguntarle cuántas veces en la vida esperó el dolor. Mis ganas de decirle no me digas que jamás esperaste el dolor, asique no pidas que yo tampoco no espere el dolor. Porque siempre, todos alguna vez esperamos el dolor. Dolor de panza cuando nos comimos eso tan rico que sabíamos desde un principio, nos iba a caer mal. Dolor de tanto reirnos porque esa persona que tanto queremos una vez más nos hizo dar un lindo atracón de risa. Esperamos el dolor de cabeza cuando estamos estresados, el dolor de cuerpo si hicimos mucho ejercicio. El dolor por la muerte de algún familiar, si sabíamos de antemano que estaba enfermo. Dolor si dejamos, dolor si nos dejan. Dolor de alegría si alguien llega a nuestras vidas. Dolor de garganta si gritamos en la cancha o en un recital. Porque dolores hay muchos. Y de diferentes tipos. Punzantes, opresivos, lacerantes. Los hay crónicos y agudos...somáticos, psicosomáticos...El dolor se hace democrático. Una experiencia al alcance de todos. Al alcance tuyo, mío, de él, de ella.

Entonces, como no podía hablar, me puse a pensar cuántas veces esperé el dolor. Esa experiencia sensorial y emocional, que de alguna manera muchas veces me tilda de sensible y/o vulnerable.

Y me acordé que alguna vez leí en Nietzsche sobre el dolor. El decía que toda la ciencia, todo el saber vienen del dolor, porque el dolor busca sin tregua las causas de las cosas...En el dolor, uno busca más, indaga más, y se hace más sensible...El ser que sufre...conoce mejor la vida, y con más profundidad porque la vive según la cara que le es propia a la exposición. Sólo el que está en trance permanente de perder la vida llega a conocerla profundamente. El portador del dolor es, al fin, el hombre heroico, el gran portador del dolor, de la humanidad... Y me reconforté en Nietzsche. Me sentí heroica por haber recordado que más de una vez esperé el dolor y otras tantas se declaró el dolor...El dolor cuando falleció mi abuela paterna (es un dolor que aún sigo esperando). Esperé el dolor cuando sacrifiqué a Paty. Esperé el dolor cuando un amor me dejó a mitad de camino. El dolor de panza cuando reí de más en bares con amigos/as. Espero cada mes con ansias mi dolor de ovarios. Espero el dolor cuando me equivoco. Esperé el dolor muchas veces. Espero mis dolores. Y hablo de dolor. No de sufrimiento. El dolor que me invita a reflexionar. El que sacude mis neuronas. El que se deja expresar. Como cada vez que se vinieron: porque lloré con dolor, grité con dolor, hablé con dolor, puteé con dolor, y hasta escribí con dolor. Que se vengan! Que los espero. Porque en el dolor hay tanta sabiduría como placer...